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domingo, 25 de enero de 2009

Séptima crónica: Nuestra primera visita, Salta-Puerto Iguazu

Cuando llegamos a Salta acampamos en su impresionante camping municipal ubicado alrededor de un “piscinón” de 200 metros de largo y 50 metros de ancho. Hay que decir que Argentina cuenta con una excelente red de campings y que es una forma muy económica y cercana de conocer el país.

A la tarde siguiente nos encontramos con Mari Cruz y Fernando.y decidimos celebrar la visita con una fiesta chacarera. La ciudad colonial de Salta es famosa, entre otras cosas, por sus zambas (poemas cantados). Está llena de boliches (locales) donde se reunían los poetas para componer zambas. Uno de los más legendarios es el ‘Boliche de Balderrama’, convertido en un restaurante donde todas las noches se ofrecen espectáculos. Ahí fuimos y pasamos una velada de comida típica, bailes y cantos folclóricos.

En los dos siguientes días recorrimos las provincias de Salta y Jujuy en furgoneta con Toni, el guía. El primer día ascendimos en paralelo al recorrido del ‘Tren de las Nubes’ que llega hasta San Antonio de los Cobres para luego descender hasta el pueblo de Purmamarca pasando por cotas de hasta 4170 metros. Por ello, antes de salir de Salta, Toni compró una bolsa de hojas de coca que se emplea como remedio para el mal de altura y además es un excelente digestivo. ‘Coquear’ es muy parecido a mascar tabaco: se introducen unas hojas entre la encía y el papo y se va absorbiendo su jugo. En zonas de Puna o Altiplano (lugares por encima de los 3.500 metros aprox.) es muy corriente ver a la gente coqueando con un papo hinchado. Primero atravesamos la Quebrada del Toro, utilizada por los arrieros en sus viajes a Chile cuando el río estaba seco, y, entre un paisaje semidesértico poblado por cardones (cactus leñoso en forma de candelabro), nos detuvimos para visitar las ruinas de Tastil, habitadas por los Diaguitas antes de la llegada de los Incas. Tras almorzar en San Antonio de los Cobres, pueblo dedicado a la explotación minera de cobre, nos dirigimos a la Salina Grande, una extensión de sal de 1500 km2 de origen volcánico. En el camino nos pusimos los cinco a coquear para ‘desapunarnos’ (quitar el mal de altura) y prepararnos para el puerto de 4170 metros. En Purmamarca coincidimos con la celebración de los Reyes. Todos los niños del pueblo desfilaron hasta la Iglesia jesuita y bailaron mostrando una mezcolanza de tradición católica y cultura indígena.

Por la mañana apreciamos el famoso ‘Cerro de los Siete Colores’. En todo el recorrido de los dos días vimos como las montañas presentaban distintos colores en función de su origen, constitución y concentración. Así, un rojo intenso corresponde al óxido férrico, un verde al cobre y un rosado al zinc. Proseguimos por la ‘Quebrada de Humahuaca’, lugar por donde entraron los españoles desde el norte y donde se libraron, posteriormente, las más importante batallas que darían la independencia a Argentina. Pasamos por el imaginario trópico de Capricornio, visitamos la ciudad de Humahuaca y a la vuelta, a modo de despedida, Toni nos contaba las idiosincrasias de algunas provincias: el desparpajo de los cordobeses, la vagancia de los santiagueños (Santiago del Estero), la cleptomanía tucumana y la chulería bonareña. Al día siguiente, Mari Cruz y Fernando iban a conocer otra parte de la cultura nacional: viajar en bus por Argentina.

Fuimos de Salta a Puerto Iguazú en un trayecto de 27 horas. Un viaje que no se hizo nada largo por las infumables y divertidas películas que nos tragamos y por el animado bingo en el que casi nos llevamos una botella de vino. El paisaje fue cambiando progresivamente de ‘andino’, pasando por las infinitas plantaciones de trigo (Argentina era el granero del mundo) y de soja (muy en boga pero muy controvertido porque empobrece el suelo y porque los químicos empleados parecen tener efectos negativos sobre la salud de la población), hasta llegar a un clima subtropical y de tierra roja.

En Puerto Iguazú visitamos las impresionantes e hipnotizantes cataratas que dividen Brasil y Argentina. Su formación se remonta a 1,5 millones de años cuando varias erupciones volcánicas crearon tres escalones gigantes de basalto por donde caen 1.700 metros cúbicos de agua por segundo. Aprovechamos la luna llena para acercarnos a la ‘Garganta del Diablo’, un desfiladero impresionante con más de 90 metros de altura y pedir algunos deseos. Al día siguiente las observamos desde las pasarelas y desde una barcaza con potentes motores que literalmente te introduce debajo de la catarata. Antaño se hacía con remos, hasta que varios turistas fueron succionados. Está claro que los más de 250 saltos se llevan toda la atención, pero el parque esconde bellezas de flora y fauna de gran diversidad, como son las orquídeas, mariposas, lagartos y los osados vencejos de cascada que atraviesan los saltos para llegar a sus nidos.


Al día siguiente, Mari Cruz y Fernando partirían hacia el sur y nosotros seguiríamos rumbo hacia el norte.

Hasta pronto.

David y María

martes, 20 de enero de 2009

Sexta crónica: III Mendoza-Córdoba-Salta

Salimos de Santiago por la noche con destino a Argentina. Además de las curvas, lo peor fue tener que bajarnos en el paso fronterizo del Cristo Redentor a las 3 de la madrugada para enseñar el pasaporte a unos guardias tan dormidos como nosotros. Tras una espectacular bajada nocturna por los Andes, llegamos a Mendoza al amanecer.

Mendoza es una ciudad amplia que cuenta con un sistema de acequias heredado de los nativos que permite a la ciudad vivir bajo la sombra de sicomoros. De no existir éstos, sería una ciudad desértica. Acampamos en las afueras y visitamos su agitado centro lleno de terrazas y comercios.

Los tres días siguientes recorrimos el Parque Nacional del Aconcagua. Entre paisajes lunares y valles antiguamente ocupados por glaciares ascendimos hasta el primer campamento base ubicado a 3.300 metros. Nos aclimatamos junto a otras expediciones que albergaban objetivos más ambiciosos, como coronar el Aconcagua, cerro más alto de América que roza los 7.000 metros. Para aclimatarnos, la doctora del campamento nos recomendó beber mucho líquido, 5 litros al día. Seguimos su consejo, pero con el remedio vino la enfermedad: el agua que abastecía al campamento contenía una elevada concentración en magnesio, lo que hizo que acabáramos aclimatados, sí, pero descompuestos. Con todo, nuestra primera incursión a la alta montaña resultó muy gratificante. En la entrada al parque coincidimos con una pareja vecina de Castro que estaba recorriendo Sudamérica en bici. A nuestro regreso a Mendoza visitamos el puente del Inca, una formación natural de tonos amarillos por su contenido en azufre, que aprovechaban los Incas para atravesar la cordillera andina, y también observamos los extensos viñedos del famoso malbec. Desde ahí proseguimos nuestra ruta hacia la ciudad universitaria de Córdoba para celebrar la Nochevieja.

En Córdoba nos alojamos en un hostal cercano a la manzana jesuítica, visitamos su centro colonial y nos preparamos para celebrar por partida doble la llegada del 2009. Como el hostal disponía de televisión, ese día tiramos la casa por la ventana, seguimos las campanadas en España comiendo las uvas y acordándonos de la familia y los amigos. Llegó la medianoche argentina, comenzaron a oírse los fuegos artificiales y salimos a celebrar el Año Nuevo con los cordobeses, famosos por su desparpajo. Los bares empezaron a llenarse a las 2 y a las 4 un chaparrón nos devolvió al hostal, quedándonos este año sin churros con chocolate. A la mañana siguiente, mientras desayunábamos dormidos, una noticia del telediario nos terminó de despertar: esa noche, además de los típicos casos de quemaduras, se habían atendido en Argentina a 25 personas con heridas en los ojos por descorches de botellas de champán y explosión de botellas al sacarlas del congelador. ¡Viva la Argentina!

Por la noche pusimos rumbo hacia el norte. Tras un viaje movidito, en el que parecía que el gigantesco bus iba a volcar con cada bache, llegamos a San Miguel de Tucumán, ciudad que recorrimos en medio de un aguacero. Antes de proseguir la ruta, conseguimos inundar uno de los baños de la estación (el tema baños en el viaje merecería una crónica aparte).

Desde Tucumán el paisaje fue cambiando de los amplios cultivos de caña, pasando por una quebrada (garganta) de clima subtropical hasta llegar a Tafí del Valle, un lindo y pequeño pueblo lleno de estudiantes bonareños de vacaciones, que es conocido por sus artesanías indígenas y su queso. Acampamos y por la mañana continuamos hasta Cafayate por el Valle Calchaquí atravesando la Quebrada de las Conchas, un recorrido por formaciones naturales de color rojizo moldeadas por el viento. Ese día llegamos a Salta, ciudad donde recibiríamos nuestra primera y esperada visita: Mari Cruz y Fernando, los padres de María.

Hasta la próxima.
Un abrazo muy fuerte a todos los que llegan hasta aquí, y a los que no también.

David y María

sábado, 10 de enero de 2009

Cuarta cronica: I Ruta 40-Región de los Lagos

¡Feliz 2009! Esperamos que lo hayáis iniciado con buen pie y que sea un año increíble para todos. Esta crónica se ha demorado más de lo previsto y, al abarcar un tiempo más largo, un mes, hemos pensado dividirla en tres partes diferenciadas: Región de los Lagos, Nuestro paso por Chile y Mendoza-Córdoba.
Tras nuestra prolongada estancia en el El Chaltén salimos hacia el norte con destino a la Región de los Lagos por la inhóspita ruta 40. Al principio pensamos en probar suerte y hacer el tramo “a dedo”, pero todo el mundo nos decía que se trataba de una locura por la escasez de tráfico y el mal estado de la carretera (de ripio). Finalmente decidimos tomar un bus que tardaría dos días con parada en la localidad de Perito Moreno para recorrer los casi 1000 km que separan El Chaltén de San Carlos de Bariloche.

En el largo y monótono viaje por la estepa patagónica conocimos a un animado grupo de bomberos de Canarias (aprendimos mucho sobre todo lo relacionado con el fuego). Pernoctamos en Perito Moreno ciudad, no confundir con el glaciar, donde coincidimos con las fiestas de la Virgen. Todo el pueblo llenaba las calles en las que una banda tocaba zamba (música folclórica). A las 12 de la noche pararon la música, lanzaron fuegos artificiales, se sacó a la Virgen de la Iglesia y celebraron una misa. Al día siguiente, después de nueve horas de autobús en el que el paisaje fue cambiando hasta convertirse en un vergel andino, llegamos al pueblo de El Bolsón. Ahí decidimos unirnos a los bomberos que conocían un hostal donde acampamos. El Bolsón es un pequeño pueblo de aire hippie encajonado entre montañas y lagos, conocido, entre otras cosas, por su producción ecológica de frutas finas (fresas y cerezas), su cerveza artesanal y, sobre todo, su tranquilidad. Aprovechamos para pasar el día en el lago Puelo, a 30 km. A la vuelta, conocimos a Ander y Corinne, una pareja bohemia que viajaba por Argentina representando un espectáculo de cuentacuentos y acrobacias en tela. Tomando una cerveza con ellos nos invitaron al estreno de la obra que iba a tener lugar en la plaza del pueblo al día siguiente. Acudimos y disfrutamos de un cuento contado por él (el príncipe) mientras tocaba la guitarra acompañado por las acrobacias de ella (la princesa) sobre una tela que pendía de un magnolio.

Desde El Bolsón viajamos a Bariloche, principal ciudad de la Región de los Lagos y que constituye un centro invernal y estival en Argentina. Acampamos junto al Lago Nahuel Huapi y pudimos disfrutar de la inigualable hospitalidad argentina cuando, nada más llegar, fuimos convidados por Leonardo y Bárbara, una pareja joven de la región de Santa Fe a compartir el asado. Leonardo nos explicó cómo hacer un buen asado y los tipos de cortes. Al día siguiente decidimos recorrer la zona en bici por un circuito de subidas y bajadas que atraviesa bosques de coníferas y lagos de diferentes tonalidades. En el centro de alquiler de bicis conocimos a Kiko, un fotógrafo peruano muy amable con el que completamos los 26kms del circuito, y nos dimos un chapuzón en el Lago Escondido.

Desde Bariloche viajamos hasta el pueblo Villa La Angostura para visitar el bosque de los Arrayanes. Acampamos y salimos temprano a caminar por el Parque Nacional. En la entrada, siguiendo la costumbre, probamos suerte y mostramos el carné de estudiante para obtener un descuento. En Argentina, si eres extranjero pagas un precio y si eres residente o nacional la cuarta parte, algo que irrita a mucha gente que hemos conocido. Tal diferencia la justifican explicando que a un argentino le cuesta el mismo esfuerzo conseguir 10 pesos (p.ej.) que a un europeo 10 euros. En fin, que sacamos nuestros carnés esperando la respuesta de siempre:-Para estudiantes extranjeros no hay descuento-, sin embargo, el guarda nos contestó: -Pero, vos sois argentinos-, a lo que mecánicamente respondimos: -No- y él, cambiando el tono, insistió -¡Pero, sí, vos me dijisteis que eran argentinos! Entramos al parque ubicado en la Península de Quetrihué y anduvimos 12 kilómetros hasta llegar a un bosque de arrayanes a la orilla del lago y único en el mundo. El arrayán es un árbol de color canela y corteza suave que posee la característica de que una rama caída puede emitir raíces y en la zona expuesta a la luz, las yemas producirán nuevas ramas. De esta forma, la rama caída dará origen a un nuevo arrayán. Probamos las frías aguas del lago y regresamos caminando al camping. Dada la proximidad, decidimos pasar a Chile y conocerlo más de cerca.

¡Hasta muy pronto!

Un abrazo fuerte,
David y María

sábado, 6 de diciembre de 2008

Tercera crónica: Torres del Paine-El Chaltén

¡Buen día! Aquí estamos de nuevo para narraros las dos últimas semanas en las que hemos visitado el Parque Nacional de Torres del Paine, ubicado en el sur de Chile, y el Parque Nacional de los Glaciares en Argentina que esconde el glaciar Perito Moreno en su parte meridional y el cerro Chaltén o Fitz Roy en la septentrional.

A Torres del Paine suele accederse desde la localidad de Puerto Natales. Ahí conocimos a César, el propietario del hostal Kayen de dos semanas de vida que nos ofreció su jardín para plantar nuestra carpa. Acampamos dos noches y aprovechamos para comprar provisiones para cinco días, ya que los precios de la comida en el Paine superan los de Suiza. César nos habló, entre otras cosas, de sus años de trabajo en el casino de las Falkland (Malvinas) y nos dio su versión chilena del conflicto: Argentina quería exterminar la población de la isla y anexionarla. Ahí es cuando los ingleses echaron mano de los temibles "burkha" (guerreros nepalíes del ejército inglés).
Tras dos días de preparación, salimos hacia el Paine (a 150 km), un sistema montañoso independiente de los Andes formado hace 12 millones de años por una intrusión magmática que comprende 250.000 has. El resultado de este inesperado "grano" geológico ha sido esta reserva de la biosfera que alberga fauna y flora únicas en el mundo y un conjunto de cimas de granito como son las Torres y los Cuernos que atraen a senderistas y escaladores.

El primer día decidimos acampar cerca de las Torres, tres bloques imponentes de granito, para ir a ver amanecer al día siguiente. Sin embargo, tras levantarnos a las cuatro -después de una noche de lluvia y frío- y trepar una hora , sólo vimos nubes y una tormenta de nieve que nos hizo bajar al campamento. Tanto el Paine como el Fitz Roy suponen un reto para escaladores, no sólo por su dificultad técnica sino por la variabilidad de su clima. Ese día se confirmó lo pronosticado por los locales consultados que nos avisaron de que en Paine uno puede tener las cuatro estaciones en un día. Decidimos volver a la casilla de salida y continuar el recorrido por el parque. Esa noche fuimos convidados por tres campistas argentinos y su guía a disfrutar de un pedazo de cordero magallánico hecho al fuego. Conversando sobre Argentina el guía resumió lo hablado en una frase célebre: -La única ley que se cumple en Argentina es la ley de la gravedad.- Como no, tacharon a los chilenos de expansionistas, si bien es cierto que la noche anterior una guía chilena del parque dijo que Argentina aprovecha cualquier descuido para robarles la tierra.

Recuperados y secos, proseguimos la ruta por la famosa "W" que abraza los puntos más espectaculares del parque entre bosques de hayas del sur, notros, lagos azul-turquesa, ríos y glaciares. El cuarto día compartimos mesa y cena con dos porteadores del parque que nos hablaron de su trabajo. Hay días en los que portean hasta 30kg y recorren distancias de 11 km en 2 horas, mientras que nosotros, en ese mismo tramo, tardamos 3 horas sin carga. Entre risas socarronas nos contaron cómo el día anterior se picaron con un francés que sólo portaba una cámara de fotos y acabaron echando una carrera con 30kg a la espalda de la cual salieron victoriosos.

Tras completar el recorrido, volvimos a probar suerte con las impredecibles y caprichosas Torres; esta vez se dejaron ver majestuosas. Ricardo, un miembro del equipo de rescate del parque que conocimos en Puerto Natales, nos contó como el año pasado un escalador se pasó tres meses en la cima de una de las torres bajando únicamente para hacer la compra o como un equipo americano consiguió, después de que los guardaparques les confiscaran el material en tres ocasiones, subir la Torre central para saltar de ella. El último día visitamos el centro de interpretación para poner nombre a las cosas que habíamos visto. Tras la visita hicimos dedo hasta el punto de recogida del autobús que nos devolvería hasta Puerto Natales y nos "levantó" la camioneta de la leña. Saltamos al remolque vacío, y agachados pasamos la zona del parque quemada por el descuido de un excursionista checo. La camioneta paró a medio camino y los trabajadores nos llevaron a ver una madriguera de zorro gris con cuatro cachorros ante la atenta mirada de la madre a 20 metros.

Desde Puerto Natales, donde nos recuperamos de la semana de caminatas, volvimos a Argentina hasta llegar a El Calafate, ciudad turística que se alimenta del famoso Perito Moreno. Allí visitamos este impresionante glaciar conocido por ser uno de los más dinámicos del mundo. Además de apreciar su descomunal tamaño, pudimos ver y oír sus múltiples desprendimientos al Canal de los Témpanos. En Calafate aprovechamos para aprovisionarnos antes de ir a El Chaltén donde pensamos pasar unos días descubriendo sus rutas. Este último es el pueblo más joven de Argentina (según nos comentaron, sólo ha habido 5 nacimientos en sus 25 años de vida) y un centro de trekking de Sudamérica. El parque de El Chaltén se formó del mismo modo que el Paine. A diferencia de éste, El Chaltén nos recibió con lo que los escaladores de aquí denominan una "brecha" de buen tiempo.
Durante los primeros dos días anduvimos hasta la zona del cordón Torre donde realizamos una excursión a un glaciar sobre el que pudimos experimentar la sensación de andar en hielo y descubrir lo activo que es un glaciar con sus ríos, grietas, lagunas, arcos y dunas azules moldeadas por el viento. En el centro del cordón Torre se levanta un pico de granito con un sombrero de nieve en su cima denominado "el hongo". Desde la lejanía parece algo "efímero" como dijo uno de sus primeros escaladores, pero nos han dicho que su altura es de 50m y para poder coronar oficialmente la cumbre hay que excavar un túnel en su interior. Los dos días siguientes fuimos a la zona del Fitz Roy o cerro del Chaltén (montaña humeante en tehuelche ya que creían que se trataba de un volcán porque estaba siempre cubierto por nubes). Subimos al punto desde donde inician las expediciones los escaladores que se atreven con la pared que llega hasta los 3400 metros, como es el caso de los hermanos Pou de Vitoria y unos catalanes que lo han escalado esta semana.
Después de los cuatro días en el parque regresamos al pueblo y hemos pasado dos días recuperándonos en un campamento libre junto con otros viajeros de muy diferente índole: desde gente que recorre Sudamérica en bici, pasando por autoestopistas que llevan día y medio apostados en el arcén esperando a que alguien los levante, hasta un divertido psicoanalista brasileño y su hijo que han venido a visitar a un amigo bonareño que regenta una panadería en el pueblo y cuyo hijo nos contó que llevaban tres días de "joda" (de fiesta), ¡y van a estar hasta marzo!

Mañana pondremos rumbo hacia el norte hasta Los Antiguos por la temible Ruta 40.

Un abrazo muy fuerte,

María y David

viernes, 21 de noviembre de 2008

Segunda crónica: Puerto Madryn-Ushuaia

¿Cómo están de nuevo? Esperamos que relindo. Retomamos la crónica justo donde terminamos de escribir la primera entrega. Al salir del cíber en Puerto Madryn se había levantado un fuerte viento que nos acompañaría, casi siempre en contra, en nuestro camino por Patagonia. Entre una gran nube de polvo salimos hacia Trelew, una de las ciudades que conforman la “comunidad galesa” que arribó a finales del siglo XIX en busca de un lugar donde mantener su cultura y labrar su futuro. Brevemente, decir que el viento barre la Patagonia en todas las direcciones, principalmente de oeste a este, de hecho es el principal causante del paisaje inhóspito a la vez que fascinante que domina el sur de Argentina. Es la cordillera andina la que atrapa todo el agua de las nubes dejando pasar el viento que llega enfurecido al Atlántico. Los habitantes conviven con el viento como nosotros con el aire. Guillermo, el propietario del hostal donde nos alojamos en Trelew, de aspecto galés pero ascendencia italo-española, nos contó que un ciclista recorriendo la Patagonia con el viento a favor hizo 100 km sin apenas pedalear. En ese mismo hostal conocimos a un palentino que desde Buenos Aires (1470 km) sólo había podido hacer 115 km.

En Trelew coincidimos con un desfile de danzas galesas organizado por la asociación San David -encargada de preservar la cultura galesa- donde nos animaron a bailar la típica danza en grupo. Tras los bailables, viajamos al pasado visitando el museo paleontológico de la ciudad que nos recordó lo efímero de la historia humana en el planeta. Ese mismo día aprovechamos para visitar Gaiman, primera población galesa, donde los colonos sobrevivieron gracias a las técnicas de riego que les enseñaron los tehuelches (nativos de la zona) y con los que intercambiaban pieles de guanaco por panes y manteca. Además de su historia y arquitectura, Gaiman, piedra de toque en tehuelche, es conocida por sus casas de té. Decidimos perdernos (craso error) y caminamos sin rumbo. Entramos en una casa a las afueras donde nos atiborramos a dulces regados con té. A la salida conocimos a su dueño. No era ni galés ni naá, era de León y tiene dos empresas en España. Todo el romanticismo de las Casas de Té se esfumó; eso sí, nos dijo que nuestra mesa era la preferida de Carlos Arguiñano. Tras el jarro de agua fría, visitamos el pueblo, esta vez con mapa e indicaciones y volvimos a base: Trelew. Estuvimos un día más de descanso dominical en el parque junto a otras familias y antes de tomar un ómnibus nocturno con destino a Comodoro Rivadavia (600km al sur) pasamos por el hotel Touring Club, hospedaje escogido por los forajidos Sundance Kid, Butch Cassidy y su inseparable amiga Ethal Place.

En Comodoro, ciudad del petróleo y la energía, enlazamos con Sarmiento al interior de la provincia del Chubut. A fin de abaratar nuestro viaje (los precios se han duplicado con respecto a la guía de 2005) y de estar más cerca de la naturaleza convenimos adquirir una tienda. Carpa en mano dimos con un camping vacío a las afueras de la ciudad regentado por una familia argentina muy acogedora que no salía de su asombro al vernos a la entrada de su camping abierto ‘por si acaso’. Dormimos refugiados junto a unos chopos entre el aterrador zumbido del viento. Desde Sarmiento agarramos un remis para visitar el bosque petrificado a 25 km.. De camino, el taxista nos habló, entre otras cosas, de la feroz enemistad chileno-argentina, de cómo los primeros habían traicionado durante las Malvinas a los segundos avisando del rumbo del buque Belgrano y que más tarde sería torpedeado por un submarino inglés bajo las órdenes de la Dama de Hierro. El bosque petrificado supone retroceder 65 millones de años en el tiempo, pasear por el fondo de una antigua bahía entre troncos de piedra que fueron depositados por el río. Los troncos preservan su forma y estructura original a través de un proceso de petrificación por el cual las células vegetales son sustituidas por sílice. Este bosque ha sido descubierto por la acción del viento. Además de este sedimento marino, se podían ver a simple vista otras capas sedimentarias posteriores de origen volcánico andino.

Tras dos días en Sarmiento pusimos rumbo hacia Río Gallegos, última escala antes de pasar a la isla de la Tierra del Fuego. Nuestra búsqueda de un camping nos llevó a una destartalada chacra (finca) a las afueras en la que nos recibieron una anciana, tres obreros que nos miraban alucinados -no tanto como nosotros a ellos- y una versión gore del perro Rex que nos ladraba feroz. Esa noche el viento sopló a más de 120 km/h. Mientras oíamos el rugir del viento que se colaba por los numerosos huecos de la casa, nos tranquilizaba recordar lo que había dicho el taxista de Sarmiento – ¡Acá siempre hace viento, pero lo bueno es que nunca hay huracanes!-.

A la mañana siguiente partimos temprano. Tras un largo viaje en el que pasamos cuatro límites fronterizos y el Estrecho de Magallanes, vimos como la plana y yerma estepa patagónica se iba transformando en un paisaje escarpado con montañas nevadas y poblado de bosques de lengas (hayas de la zona). Al llegar por la noche a Ushuaia, el frió nos recordó que estábamos en la ciudad más austral del planeta. El primer día exploramos la ciudad y visitamos el Museo del Presidio de Ushuaia en cuyas salas se muestra la vida del penal en el que recluyeron desde presos políticos pasando por Carlos Gardel hasta despiadados homicidas y reincidentes. El guía, de aspecto tanguero y actitud siniestra, nos relató las biografías de algunos presos, como el famoso infanticida Petisso Orejudo… Al día siguiente, ascendimos al Glaciar Martial, que abastece de agua a Ushuaia y en los últimos treinta años, según la exposición mostrada en su base, se ha reducido drásticamente. De seguir así, se prevé que desaparezca en los próximos veinte.

Los dos últimos días estuvimos acampando el Parque Nacional de Tierra del Fuego que limita con Chile. Ascendimos entre hayas, turbales y nieve al Cerro Guanaco. Desde la cima divisamos todo el parque, el Canal Beagle y dos cóndores que sobrevolaban el cresterio. El último día asistimos en Ushuaia a una obra de teatro amateur sobre Lorca que se representaba en la Casa de Cultura. Disfrutamos mucho viendo escenas de Bernarda Alba, Yerma y Mariana Pineda recitadas en argentino.

Desde Ushuaia vinimos a Puerto Natales desde donde partiremos mañana a Torres del Paine para una semana.

¡Cuidense!

Un abrazo muy fuerte,

David y María

viernes, 7 de noviembre de 2008

Primera crónica: Pampa y Patagonia

¿Cómo andan? Esperamos que bien. Escribimos desde la ciudad patagónica de Puerto Madryn donde aún estaremos unas horas antes de proseguir nuestro rumbo hacia el sur con destino a Tierra del Fuego.
Iniciamos el viaje con un “susto de mostrador” cuando la empleada de Iberia dijo,-Permítanme comprobar si me quedan plazas para este vuelo, porque tenemos overbooking- Tras unos momentos de silencio expectante, nos comunicó que éramos los dos últimos pasajeros en asignar asiento; gastábamos así nuestro primer crédito de buena suerte.
Por la mañana, la primavera de Argentina nos recibía con calidez. Nuestra primera parada fue Buenos Aires, donde decidimos alojarnos en el barrio tanguero de San Telmo que rebosaba vida en cada esquina. Aprovechamos la tarde para explorar el alborotado centro y pasear por su renovado Puerto Madero. De vuelta al hostal, al dar nuestros apellidos durante el registro, Giselle, la recepcionista, exclamó:-¡No jodás! ¡Yo soy de Quilmes, al ladito de Berasategui!-.De esta forma, ya teníamos plan para el día siguiente.
Con sus indicaciones agarramos un bus maqueado con cortinillas rojas y pegatinas de ‘Jesús es el camino’ que en una hora nos plantaría en el pueblo de BeraZategui, desde donde continuamos en tren hasta la capital provincial y ciudad universitaria de La Plata. Lo más destacable de ésta última fue su fascinante Museo de Ciencias Naturales que albergaba amplísimas colecciones de vestigios naturales y humanos que servían de perfecta introducción al continente. Por otro lado, descubrimos la misteriosa escasez de moneda de cambio existente en Argentina, algo que nos costaría más de un paseo porque es necesaria para tomar los colectivos urbanos.

Tras estos días de actividad y movidos por el buen tiempo, resolvimos ir a conocer los balnearios (pueblos de playa) de la Costa Atlántica donde veranean la mayoría de los bonaerenses. Pernoctamos a bordo de un ómnibus (los buses argentinos están a años luz de los nuestros) y descansamos a la mañana siguiente en la infinita playa del pueblo de Pinamar, caracterizada por sus médanos (dunas). Por la tarde fuimos a visitar Mar del Plata, una especie de Benidorm argentino. Allí probamos nuestro primer ‘submarino’, una barra de chocolate colocada en un vaso de leche caliente que se va derritiendo poco a poco, y salimos hacia el interior pampeano.

Arribamos al pueblo de Sierra de la Ventana, ubicada cerca de una de las dos únicas sierras de la llanura pampeana: Sierra de la Ventanía. El camping donde nos alojamos estaba regentado por un matrimonio que había huido del ajetreo de la capital y que nos enseñaría a preparar la típica parrilla argentina con carne de vacuno (chuletas y matambre), sin duda la mejor carne que hemos probado hasta ahora. Llenos de energía, atacamos nuestro primer monte, Cerro de la Ventana, localizado en el Parque Provincial de Ernesto Tornquist, con el objetivo de observar la inmensidad de la planicie pampeana. En la excursión coincidimos con un grupo de escolares argentinos en pleno viaje de fin de curso que nos deleitaron con su gracia adolescente. Tras hacer cumbre, nos desviamos en la bajada a unos piletones (pozas) donde nos refrescamos luego de una larga marcha sobre terreno rocoso. El día terminó con una lección magistral a cargo de un empleado del centro del parque que nos detalló la formación y evolución de la Pampa y su posterior modificación desde la colonización, y con nuestro estreno en el arte del ‘autoestopismo’ bajo un chaparrón propio de Bilbao.

Al día siguiente emprendimos rumbo hacia el sur y tras atravesar el Río Negro, frontera con Patagonia, arribamos a Puerto Madryn. Este es el punto de acceso al Parque Natural de Península Valdés, un paraíso perdido de la naturaleza y lugar de apareamiento de innumerables especies. Recorrimos los 400 km de la península, propiedad en su mayoría de descendientes de pastores vascos que vinieron en busca de una tierra y un futuro. Durante la visita, avistamos la ballena franca austral, una especie con una historia de más de 60 millones de años y los inmensos elefantes marinos apostados en la Caleta de Valdés.

Ayer nos apuntamos a una inmersión para bucear con lobos marinos, pero lo único que vimos fue kelp (plantas marinas) y a nosotros mismos. No obstante, la experiencia de tomar mate en una barca que se balanceaba entre olas de metro y medio (sin exagerar) mereció la pena. Menos mal que nos tomamos una biodramina antes de zarpar, porque había un pibe que tenía la cara verde del mareo…!

Hoy salimos hacia la comunidad galesa donde recalaremos un par de días.

Hasta la próxima crónica.

Un abrazo,
David y María