En Bangkok estuvimos una semana arreglando visados para los países de la siguiente etapa, aprovechamos para conocerlo mejor, visitar el Palacio Real, hacer alguna compra de última hora en el barrio chino y escaparnos en tren a Ayuthaya, antigua capital del imperio siames, para ver sus templos.

Para evitar el traficazo de Bangkok, reanudamos el viaje -no sin algún contratiempo como equivocarnos de autobús a las 5 de la mañana- desde la ciudad de Chanburi a menos de 100km de la frontera con Camboya.
Optamos por este paso porque era remoto y parecía tranquilo. Nuestras expectativas se cumplieron, era remoto y tranquilo, pero al no haber un ordenador en la oficina declinaron nuestro visado electrónico que habíamos conseguido por Internet, y nos dijeron que o pagábamos por un nuevo visado, una idea que todos veían con ilusión, pues nos daba la sensación de que el dinero iría a parar directamente a su bolsillo, o pedalear 200km al norte y cruzar por Poipet, donde, al parecer, sí tenían ordenador. Eran 30 euros al cambio, pero decidimos volver a Tailandia. Tardaríamos dos largos días en subir bordeando la frontera natural con Camboya, una cordillera maciza-ver foto-, por carreteras comarcales que atravesaban pueblos rurales rodeados de cultivos de arroz, maíz y cardamomo, bajo una canícula de espanto y con refrescantes tormentones de verano al atardecer.
El paso fronterizo de Poipet fue caótico, pero, como nos aseguraron, tenían ordenador, así que nos dejaron pasar. En la propia frontera se levanta un arco de entrada estilo angkoriano y justo detrás, un casino monstruoso. (foto izquierda, fijaos en la siesta que se esta pegando el que esta debajo de la sombrilla roja)
Optamos por este paso porque era remoto y parecía tranquilo. Nuestras expectativas se cumplieron, era remoto y tranquilo, pero al no haber un ordenador en la oficina declinaron nuestro visado electrónico que habíamos conseguido por Internet, y nos dijeron que o pagábamos por un nuevo visado, una idea que todos veían con ilusión, pues nos daba la sensación de que el dinero iría a parar directamente a su bolsillo, o pedalear 200km al norte y cruzar por Poipet, donde, al parecer, sí tenían ordenador. Eran 30 euros al cambio, pero decidimos volver a Tailandia. Tardaríamos dos largos días en subir bordeando la frontera natural con Camboya, una cordillera maciza-ver foto-, por carreteras comarcales que atravesaban pueblos rurales rodeados de cultivos de arroz, maíz y cardamomo, bajo una canícula de espanto y con refrescantes tormentones de verano al atardecer.
El paso fronterizo de Poipet fue caótico, pero, como nos aseguraron, tenían ordenador, así que nos dejaron pasar. En la propia frontera se levanta un arco de entrada estilo angkoriano y justo detrás, un casino monstruoso. (foto izquierda, fijaos en la siesta que se esta pegando el que esta debajo de la sombrilla roja)Lo primero que uno se percata cuando entra a Camboya por tierra es el constante pitar de los coches que avisan de su paso, una costumbre que nos seguiría por todo el país, junto con el incansable saludo de los niños a los que les fascina gritar un Hello! a nuestro paso.
8 km después de la frontera, nos encontramos con Estanis (foto derecha), un ciclista de Barcelona, que venía en bici desde Beijing y tenía por destino Australia con el que intercambiamos información y mapas. El primer día en Camboya paramos en Sishophon, ciudad polvorienta, desordenada y de paso.
8 km después de la frontera, nos encontramos con Estanis (foto derecha), un ciclista de Barcelona, que venía en bici desde Beijing y tenía por destino Australia con el que intercambiamos información y mapas. El primer día en Camboya paramos en Sishophon, ciudad polvorienta, desordenada y de paso.De ahí, pedaleamos hacia el sureste hasta la ciudad de Battambang por una carretera asfaltada pero con mucho bache y que atravesaba campos de arroz.

Para nuestra sorpresa, Camboya resulta bastante mas cara que Tailandia. En Battambang, ciudad con herencia colonial francesa, tomamos un barco que nos llevaría hasta Siem Reap, punto de acceso a los templos de Angkor Wat. El trayecto recorre el río hasta llegar al lago Tomle Sap, formado por el agua excedente del delta del Mekong, y donde vimos pueblos flotantes que parecían inmutables al paso del tiempo y que mantienen su modo de vida intacto dedicados al arroz y a la pesca.


Para nuestra sorpresa, Camboya resulta bastante mas cara que Tailandia. En Battambang, ciudad con herencia colonial francesa, tomamos un barco que nos llevaría hasta Siem Reap, punto de acceso a los templos de Angkor Wat. El trayecto recorre el río hasta llegar al lago Tomle Sap, formado por el agua excedente del delta del Mekong, y donde vimos pueblos flotantes que parecían inmutables al paso del tiempo y que mantienen su modo de vida intacto dedicados al arroz y a la pesca.

En Siem Reap estuvimos cuatro días visitando templos construidos entre los siglos IX y XIII, en los que el imperio jemer vivió sus años dorados y cuyo auge esta representado en el templo de Angkor Wat.
Los templos fueron construidos por los reyes que se identificaban con los dioses ( reyes-dioses) y tenian la función de proteger al pueblo. En la actualidad siguen manteniendo esa función ya que Angkor Wat, al ser un filón turístico, alimenta a Camboya. Eso si, nos contaba el dueño de un hotel que gran parte de la entrada iba a parar directamente a los bolsillos del anquilosado gobierno de influencia vietnamita que s ostentando el poder desde la caída de los jemeres rojos. De Siem Reap pusimos rumbo hacia el norte, queríamos volver a cruzar a Tailandia y pasar a Laos.
No teníamos ni idea de que nos dirigíamos directos al bastión de los jemeres rojos y al antiguo campamento del sanguinario líder Pol Pot. Tras la retirada americana en 1963 y la victoria comunista, los jemeres rojos tomaron la capital Pnom Penh en 1975 y declararon la revolución. Instauraron el año 0, abolieron el dinero y todos los civiles fueron obligados a trabajar en los campos de arroz afanosos por imitar la gloria de los antiguos jemeres.
Ese año empezó un genocidio que se saldaría con 2 millones de muertos, principalmente gente de la ciudad con educación o cualquiera que consideraran enemigo del sistema. Vimos en el interesante documental "S21" los horrores que ocurrieron en una cárcel de la capital narrados por uno de los supervivientes que conversa con sus antiguos carceleros.
Fueron 130 kilómetros hasta Along Veng en un día caluroso y por un paisaje monótono. El nombre de este pueblo produjo alguna situación divertida cuando preguntamos por primera vez como se llegaba: (David) " We want to go to Along Veng" (local) " A long way..." (David) "Yes, it is a long way" y así sucesivamente hasta que nos dimos cuenta que Along Veng se pronuncia Along Way.
La nota divertida del día fue cuando pasamos por una casa donde, a todas luces y todo volumen, se celebraba una fiesta. Salieron a la mitad de la carretera y nos pararon e insistieron en brindar con nosotros con una cerveza negra de 8 grados.
Los templos fueron construidos por los reyes que se identificaban con los dioses ( reyes-dioses) y tenian la función de proteger al pueblo. En la actualidad siguen manteniendo esa función ya que Angkor Wat, al ser un filón turístico, alimenta a Camboya. Eso si, nos contaba el dueño de un hotel que gran parte de la entrada iba a parar directamente a los bolsillos del anquilosado gobierno de influencia vietnamita que s ostentando el poder desde la caída de los jemeres rojos. De Siem Reap pusimos rumbo hacia el norte, queríamos volver a cruzar a Tailandia y pasar a Laos.
No teníamos ni idea de que nos dirigíamos directos al bastión de los jemeres rojos y al antiguo campamento del sanguinario líder Pol Pot. Tras la retirada americana en 1963 y la victoria comunista, los jemeres rojos tomaron la capital Pnom Penh en 1975 y declararon la revolución. Instauraron el año 0, abolieron el dinero y todos los civiles fueron obligados a trabajar en los campos de arroz afanosos por imitar la gloria de los antiguos jemeres.
Ese año empezó un genocidio que se saldaría con 2 millones de muertos, principalmente gente de la ciudad con educación o cualquiera que consideraran enemigo del sistema. Vimos en el interesante documental "S21" los horrores que ocurrieron en una cárcel de la capital narrados por uno de los supervivientes que conversa con sus antiguos carceleros.Fueron 130 kilómetros hasta Along Veng en un día caluroso y por un paisaje monótono. El nombre de este pueblo produjo alguna situación divertida cuando preguntamos por primera vez como se llegaba: (David) " We want to go to Along Veng" (local) " A long way..." (David) "Yes, it is a long way" y así sucesivamente hasta que nos dimos cuenta que Along Veng se pronuncia Along Way.
La nota divertida del día fue cuando pasamos por una casa donde, a todas luces y todo volumen, se celebraba una fiesta. Salieron a la mitad de la carretera y nos pararon e insistieron en brindar con nosotros con una cerveza negra de 8 grados.
Antes de llegar a Along Veng, nos topamos con la definición de tormenta tropical:
Por suerte nos acogieron en una casa. Cayó con rabia, pero la familia cenaba el plato de arroz impasible bajo la choza de madera mientras nosotros mirábamos con preocupación al tejado. Vimos en todo el trayecto que los camboyanos viven al día del campo y en familias muy grandes. Pese a todo el sufrimiento que han padecido, no han perdido la sonrisa.
Al día siguiente volvimos a cruzar a Tailandia tras "escalar" un barrerón natural de montañas y llegamos a Surin. Desde allí tomamos el tren hasta Udon Thani a 50 kilometros de Laos.